ECHO, if gracia would spoke would we listen ?

Cuando nos piden “observar la naturaleza” en la ciudad, normalmente buscamos árboles, césped o incluso pájaros. A menudo olvidamos observar al animal más disruptivo y fascinante del ecosistema urbano: nosotros mismos.

Nuestra intervención tiene lugar en la Plaça de la Virreina, en el barrio de Gràcia de Barcelona. Gràcia es un ecosistema vibrante, pero también está definido por un ritmo acelerado y ruidoso. Como residentes, estamos completamente insensibilizados frente a nuestra propia huella ambiental. Atravesamos la plaza sin darnos cuenta de que cada sonido que producimos puede representar una alteración.

Actualmente, el mobiliario urbano es pasivo. Nos permite mantenernos como usuarios desconectados y aislados de la ciudad. Nos sentamos, consumimos el espacio y nos marchamos pensando que no hemos dejado ningún rastro. Con “ECHO” queremos cambiar esta dinámica.

La propuesta consiste en un conjunto de fuentes minimalistas distribuidas orgánicamente por la plaza. Funcionando como un espejo metafórico, estas piezas de bronce traducen el ruido ambiental de la multitud en movimiento mecánico mediante un sistema planetario oculto de engranajes. El bronce también se oxidará y cambiará de color con el paso del tiempo y el flujo del agua. Cuando la plaza está en silencio, el agua permanece completamente inmóvil. Pero a medida que aumenta el ruido de la multitud, los recipientes de las fuentes comienzan a girar, agitando violentamente el agua.

Esta experiencia se extiende también al suelo bajo nuestros pies. Hemos diseñado un sistema modular de pavimento con patrones ondulados de drenaje que guían físicamente la mirada del usuario y muestran cómo el agua fluye a través del espacio.

Este proyecto es nuestra respuesta poco convencional al brief de Habitácola: “Espacios para la observación de la naturaleza”. Cuando pensamos en observar la naturaleza, normalmente imaginamos plantas o fauna. Pero Gràcia es, fundamentalmente, un ecosistema humano. “ECHO” nos invita a observar al “animal humano” como la especie dominante que modela esta plaza.

El verdadero valor de este proyecto no es convertirse en la pieza definitiva de mobiliario urbano, sino actuar como una herramienta de reflexión. Al observar el agua, en realidad nos observamos a nosotros mismos. Cuando el agua está calmada, refleja nuestra armonía. Cuando es turbulenta, refleja nuestra alteración. El proyecto genera una intimidad repentina entre desconocidos y nos hace conscientes, de forma tangible, de las consecuencias de nuestra presencia, tanto positivas como negativas.

Gràcia es un ecosistema frágil. Esperamos que, haciendo visible nuestro impacto invisible, ECHO fomente una conciencia colectiva que nos ayude a tomar decisiones más responsables y conscientes sobre el espacio que compartimos.

Ya no solo atravesamos la ciudad. Dejamos una huella.

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