Re-inventando el marujeo.

El nombre de Maruja, en España, se ha utilizado de forma coloquial para describir a mujeres que llevan una vida aparentemente tranquila, poco emocionante, y que, según el estereotipo, se interesan más por las vidas ajenas que por la propia.Pero, ¿quién no ha deseado alguna vez soltar las preocupaciones, detenerse a mirar el paisaje, observar a las personas que nos rodean y simplemente vivir con calma?Quizá el problema no sea la palabra, sino la mirada con la que la juzgamos. Tal vez esa supuesta connotación negativa nace, en realidad, de la envidia, del deseo secreto de una vida menos acelerada y más propia.En la velocidad rutinaria de la vida contemporánea, jamás se nos ocurriría colocar una silla en mitad de la calle y simplemente sentarnos. Pero, si esa silla ya estuviera ahí, esperándonos, ¿nos atreveríamos a ocuparla?Se ofrece un lugar de pausa para quien desee detenerse y contemplar la vida que sucede a su alrededor. Un banco convencional permite descansar, sí, pero no altera la mirada ni transforma la experiencia.En cambio, elevarse por encima de las cabezas del resto abre una perspectiva inesperada, casi reveladora, que invita a observar el mundo desde un ángulo que suele pasar desapercibido.

Autoria: Ángela Velasco Ordóñez, Emma Santos Pérez, Sergio Moral Javier i Laura Herrera Blanco

Profesorado: Atxu Amann y Alcocer, Eduardo Roig

Escuela Tecnica Superior de Arquitectura Madrid

Google Maps